¿Dostoyevski más vivo que nunca?

«En vano escarba el soñador en sus viejos sueños, como si fueran ceniza en la que busca algún rescoldo para reavivar la fantasía, para recalentar con nuevo fuego su enfriado corazón y resucitar en él una vez más lo que antes había amado tanto, lo que conmovía el alma, lo que enardecía la sangre, lo que arrancaba lágrimas de los ojos y cautivaba con espléndido hechizo» (…) 1

Escrita en 1848, Noches blancas ha adquirido un protagonismo inesperado entre los lectores más jóvenes, y, como casi todo lo que ocurre hoy día, se ha visto potenciado por las redes sociales. 

Es cierto que la literatura clásica está experimentando un resurgimiento a nivel general, pero no deja de ser llamativo que un autor como Dostoyevski haya calado entre una juventud que —hay quien dice— es superficial y carente de valores. La respuesta rápida es que la juventud no es como la pintan, eso está claro. Pero ¿qué tiene que contar un autor ruso del siglo XIX a unas personas que viven en un contexto tan tremendamente distinto al suyo?

Para comprender plenamente la obra maestra de Dostoyevski, «Noches Blancas», es esencial tener en cuenta el contexto histórico y biográfico en el que fue escrita. El autor ruso vivió en una época tumultuosa y su vida personal estuvo marcada por experiencias traumáticas que sin duda influyeron en su escritura.

Dostoyevski nació en 1821 en Moscú, en una familia de la nobleza rusa. Sin embargo, su infancia no fue fácil, ya que perdió a su madre a una edad temprana y fue criado por su padre, un hombre autoritario y tiránico. Estas experiencias familiares turbulentas se reflejan en muchos de los personajes y relaciones familiares complejas que encontramos en sus obras.

En cuanto al contexto histórico, Dostoyevski vivió en una Rusia que estaba experimentando cambios significativos. Durante su juventud, el país se encontraba bajo el dominio del zar Nicolás I, un gobernante autoritario y represivo. La censura y la falta de libertades políticas eran una realidad cotidiana para los escritores y artistas de la época.

«Noches Blancas» fue escrita en 1848, un año marcado por la revolución en Europa. Aunque Rusia no fue directamente afectada por estos eventos, el espíritu revolucionario y las ideas de cambio social se extendieron por todo el continente. Es posible que Dostoyevski haya sido influenciado por estas corrientes de pensamiento y haya buscado explorarlas en su obra.

La famosa novela corta del aclamado escritor ruso Fiódor Dostoyevski, nos sumerge en un mundo de emociones y reflexiones a través de la historia de una joven melancólica llamada Nástenka. Ambientada en San Petersburgo, la trama se desarrolla durante las noches de verano, cuando el sol apenas se oculta y la ciudad se sumerge en una atmósfera mágica. Es un viaje a los rincones íntimos de la emoción humana, un tapiz de sueños y realidad tejido con hilos de amor, anhelo y soledad. Esta novela, aunque breve, resume la vasta experiencia humana.

Noches Blancas es una obra maestra que explora los temas del amor no correspondido, la soledad y la búsqueda de la felicidad. Dostoyevski nos sumerge en los pensamientos más profundos de sus personajes, revelando sus miedos y anhelos más íntimos. A través de su prosa magistral, el autor nos invita a reflexionar sobre nuestras propias experiencias y emociones, y nos muestra que, a veces, la felicidad puede encontrarse en los lugares más inesperados.

Las noches blancas de San Petersburgo, donde la oscuridad apenas desciende, establecen un telón de fondo surrealista para esta conmovedora narración. El protagonista sin nombre, un Soñador introspectivo, pasa sus días perdido en sueños y fantasías. Una noche, tropieza con Nástenka, una joven con un aura de melancolía. Durante cuatro noches consecutivas, conversan, comparten sus historias, sueños, miedos y esperanzas. Para el Soñador, su encuentro con Nástenka le ofrece una conexión emocional que él anhela profundamente en la vida real. Nástenka, en cambio, aunque físicamente presente con el Soñador, su corazón pertenece a otro. Su personaje simboliza la esperanza, el amor no correspondido y la complejidad de las emociones humanas.

A través de estas conversaciones, Dostoyevski desentraña un mundo en el que dos corazones solitarios encuentran consuelo el uno en el otro, aunque solo sea temporalmente. Es una meditación sobre las conexiones efímeras, las oportunidades perdidas y el eterno anhelo de compañía del alma humana.

El Soñador personifica a todos los que vagan en sus pensamientos, viviendo más vívidamente en sus sueños que en el mundo exterior. Sus monólogos y soliloquios internos ofrecen una ventana a la psique de aquellos que anhelan conexiones más profundas.

No es sólo un personaje, sino una voz, una representación de todos los que alguna vez se han sentido a la deriva en el mar de la vida. La evolución de su relación con Nástenka refleja su desesperada búsqueda de un ancla tangible en medio de sus sueños intangibles.

La ensoñación romántica en la que se pierde este personaje tiene un reflejo directo en esas vidas perfectas que hoy perseguimos en Instagram, TikTok o X. Esta desconexión con la realidad, que tan vulgar vuelve todo lo que se nos presente fuera de una pantalla, refuerza el sentimiento de aislamiento de muchos jóvenes, quienes, a pesar de estar hiperconectados a través de las redes sociales, a menudo se encuentran más solos que nunca. De hecho, en la obra, el protagonista llega a afirmar que se siente invisible entre la muchedumbre de San Petesburgo. 

¿Quién no se ha sentido invisible, como él, esperando un “me gusta” que nunca ha llegado?  

Nástenka, un personaje rebosante de profundidad y matices encarna la esperanza, la resistencia y los tormentos de la espera. Está esperando a su amante, y aunque está físicamente presente con el Soñador, su corazón está con otro.

Sus múltiples emociones, desde sus dudas iniciales hasta sus arrebatos de pasión, ofrecen una exploración íntima de las complejidades del amor y el compromiso.

No se puede hablar de «Noches blancas» sin sumergirse de lleno en el tema de la soledad. Es un espectro omnipresente, que ensombrece cada interacción y monólogo interior. Los personajes, a pesar de encontrarse en una ciudad populosa, son islas en sí mismos.

Fiódor Dostoyevski
Fiódor Dostoyevski

El retrato que hace Dostoievski de la soledad es de una belleza sobrecogedora y resuena universalmente. No se trata sólo de estar solo; se trata de sentirse solo incluso en medio de una multitud.

El amor no correspondido, el amor que sigue siendo un anhelo: Dostoyevski capta este dolor de forma exquisita. El creciente afecto del Soñador hacia Nástenka se yuxtapone a su propia espera inflexible por su amante, creando un laberinto de emociones. Plantea preguntas sobre la naturaleza del amor, el dolor de la espera y el valor de los sentimientos no correspondidos.

Más allá del texto, la narración, aunque profundamente arraigada en la Rusia del siglo XIX, encuentra resonancia en la actualidad porque vivimos en la dicotomía entre estar rodeado de información y gente y, al mismo tiempo, sentirse desconectado de lo auténtico y lo verdadero.  Cada vez hay más uso de antidepresivos, más asistencia a terapia y más expresión de ansiedad y tristeza. 

Hoy nos podemos enamorar de concepciones superficiales y virtualizadas, que suelen acabar en tremendas decepciones cuando se enfrentan a los rostros de carne y hueso, desnudos de pantalla. Este conflicto de idealización de algo y la decepción que surge cuando la realidad no se corresponde es un tema que sigue teniendo gran resonancia en las redes.

Las redes sociales se han convertido en un refugio para muchas personas. No se puede negar el gran valor que pueden tener. Permiten conectarnos con gente de todo el mundo y abrir nuestra mirada a perspectivas distintas, complementarias. Estas aplicaciones, al igual que las de mensajería rápida, han supuesto un cambio de paradigma tan enorme al que todavía, como sociedad, tenemos la necesidad de adaptarnos.

“Lo que subo a redes vs. Lo que de verdad me pasa”.

Sin embargo, las redes sociales parecen haberse construido un ideal de felicidad y éxito alejado de la realidad. Y prácticamente inalcanzable, sobre todo para un sector joven de la población que tiene que asimilar una posible entrada difícil al mercado laboral, un futuro incierto por las consecuencias del cambio climático o crisis económicas derivadas de los efectos de la pandemia.

 Readaptarse a un presente cambiante es vital. La nueva sociedad digital nos ofrece oportunidades jamás vistas, pero dejarse llevar por la idealización de las vidas aparentemente perfectas de los demás no es una comparación justa. Resulta completamente lógico y aceptable que no siempre estemos de buen ánimo o seamos capaces de subir el selfi ideal. 

Si Dostoyevski está más vigente que nunca es porque es más necesario que nunca. Esta historia, con sus personajes conmovedores y sus temas profundos, es un testimonio de la naturaleza atemporal de las emociones humanas, un conmovedor recordatorio de la frágil línea que separa nuestros sueños de la realidad.

  1. Dostoyevski, Fiódor. Noches Blancas. Madrid : Nórdica, 2015. ↩︎
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Una respuesta a «¿Dostoyevski más vivo que nunca?»
  1. Avatar de barrufet4

    Un muy interesante artículo, querida Viktoria. Sé lo que es sentirse solo ante una multitud. Yo me atrevo a decir que en muchas ocasiones, puede resultar hasta devastador pero también enriquecedor al mismo tiempo. Gracias.

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