La Belleza de las Palabras: Entrevista con la Poeta Nicaragüense María Mercedes Solórzano

Por Eirwen Soffer

María Mercedes Solórzano es una destacada poeta nicaragüense cuyo amor por la palabra se despertó a los trece años, inspirada por la rica tradición literaria de su país. Desde el inicio de su carrera, ha encontrado en poetas como Rubén Darío y Pablo Antonio Cuadra sus referentes, lo que ha moldeado su estilo íntimo y melódico. Creció en un entorno donde la cultura y el arte florecían, alimentando su pasión por la poesía y la música clásica. Su formación en diseño de moda en Viena y su labor como agregada cultural en la Embajada de Nicaragua le han permitido fusionar su creatividad con su identidad cultural, explorando la belleza y la melancolía en sus versos. Recientemente, en su entrevista con Literpo Publishing, María Mercedes Solórzano compartió sus motivaciones y el proceso creativo que la guía, destacando la importancia de su entorno y las influencias familiares en su vida poética. Con una voz que evoca la sensibilidad del Romanticismo y el simbolismo, se ha consolidado como una figura relevante en la poesía contemporánea, siempre buscando tocar el alma del lector. Su participación en la antología “Amor reanimado,” del académico Ladislav Franek, es un testimonio de su creciente reconocimiento en el ámbito literario internacional.

Todos los poetas tienen un inicio. ¿Recuerda qué le motivó a dar ese primer paso en el mundo de la escritura?

   – El amor por Rubén Darío y Gustavo Adolfo Bécquer. Además, desde mis tiempos escolares he tenido una gran facilidad para expresarme; claro, en esa época era en prosa, en las llamadas “composiciones”. Yo podía escribir página tras página sin problema alguno.

Su abuelo parece haber tenido un papel importante en su vida. ¿Cómo moldeó su amor por la literatura su visión poética?

   – Vengo de una familia donde siempre se ha escrito. Mi abuelita, al igual que mi madre, ambas escribían poemas. Mi abuelito era quien alimentaba mi fantasía; contemplábamos el cielo juntos y me preguntaba si veía algún dragón, un perrito o un pájaro en la formación de las nubes. Yo siempre era la primera en encontrar algo en el cielo, era más rápida que mis hermanos. También me contaba historias de los animales que teníamos en la hacienda. Lo demás vino por sí solo; de repente me vi escribiendo.

Crecer en un entorno donde la cultura se fusiona con el arte debe haber sido enriquecedor. ¿Qué obras de su infancia han transformado su poesía?

   – Sí, he tenido la suerte de crecer en una familia donde el arte y la cultura estaban por doquier. Mi madre dibujaba muy bien, escribía poemas, aprendió de pequeña algo de piano y decoraba la casa bellamente. Mi padre amaba la música clásica y todos los domingos, después del desayuno, escuchábamos óperas. De allí también proviene mi amor por la música clásica. Mi padre le regalaba a mi madre libros de literatura clásica; recuerdo que eran bellamente empastados y yo devoraba esos libros. Con catorce años ya había leído las obras completas de Oscar Wilde, desde entonces uno de mis favoritos.

Cada poeta tiene su propio proceso. ¿Cómo es el suyo? ¿Tiene rituales o hábitos específicos que sigue al escribir?

   – Un buen papel, una buena pluma y el silencio que me rodea. La inspiración se acerca a mí en forma de inquietud, entonces sé que tengo que escribir; es siempre igual. Entonces escribo sin parar, yo misma me asombro, pues parece que me lo están dictando. No tengo que buscar rimas ni metáforas; simplemente el corazón le dicta a la pluma.

Su poesía refleja una profunda conexión con su entorno y sus emociones. ¿Qué le inspiró a escribir estos poemas y cómo ha impactado su entorno en su obra?

   – Siempre que he podido, me he rodeado de cosas bellas. La estética es para mí muy importante y, en un entorno así, se me hace fácil inspirarme. Una flor en mi jardín, el perfume del jazmín, una bóveda azul; todas esas cosas hacen volar mi pluma, despiertan melancolía y me llevan hasta la musa que a diario me inspira. Sí, son emociones que me hacen sentir viva. Soy una persona muy sensible para percibir lo que me rodea; soy muy emotiva.

El intercambio cultural es un tema recurrente en su trabajo. ¿Podría compartir algún momento específico de este intercambio que haya dejado una huella en su escritura?

   – Creo que soy como soy porque llevo en mi alma dos culturas. Me he empapado de la cultura europea al leer las grandes obras literarias de este continente, al conocer a sus grandes representantes de la pintura clásica y moderna, y de su arquitectura. Todo lo que es arte me conmueve, y no olvidemos la música. La otra cultura que llevo en mi alma es la herencia de mis padres y de mi familia en general, y de esa patria que meció en su cuna a Rubén Darío. El conjunto de todas esas cosas ha enriquecido mi poesía.

Dado que la musicalidad es clave en sus poemas, ¿cómo se entrelazan la música y la poesía en su proceso creativo?

   – Esta pregunta la quiero responder con una pequeña historia sobre mi persona: yo me eduqué en un colegio de religiosas españolas y recuerdo que, a los doce años, las madres organizaron un coro. Una de las primeras en apuntarse fui yo; siempre me ha gustado cantar, pero… nada de oído. Me dijeron que no podía ser parte del coro por eso, entonces quise aprender piano. ¡Igual! Era aplicada, estudiaba notas, pero no tenía oído. Ahora pienso que es un regalo de Dios, que por lo menos mi poesía tiene musicalidad. Yo creo que lo llevo dentro; no tengo que pensarlo, así brota. La mayor parte de las veces no tengo que buscar palabras que rimen, etc. Es algo innato.

«Sabe tu alma
a resplandor
de lirio,
sabe a triste
faz de niño.
Sabe a deliciosa
ambrosía,
sabe a todos
los esbozos
que trazo
en mi poesía.
Conoce mi ánima,
su lado albo,
su cisne blanco,
sutil perfume que abraza,
hidalgo doncel,
alma tras el mudo
escudo de su coraza»

Los temas del amor y la nostalgia resuenan con muchos lectores. ¿Por qué cree que son tan universales y qué impacto tienen en su audiencia?

   – El amor es un sentimiento universal. Si nos detenemos a leer a través de la historia, nos enteramos de que el amor ha movido el mundo, ya sea el amor entre los seres humanos, el amor por algo que hacemos o por un ideal. Estoy segura de que el amor no lo podremos eliminar mientras existamos como seres humanos. Para mí, escribir sobre el amor no es algo que hago para conseguir lectores; es algo que llevo en mis entrañas. Pero sí, estoy segura de que eso roza los corazones y por eso atrae a muchos lectores.

Al leer sus poemas, es evidente que hay mensajes profundos. ¿Qué desea que los lectores sientan o comprendan al leer su obra?

   – Cada persona es diferente y siente diferente; por eso, un poema le llega a un lector más cerca del corazón que a otro. Muchas personas me han dicho que mis poemas tocan el alma y, hasta entonces, he reflexionado. Bueno, es que están escritos con el alma. Desearía que a muchos lectores los conmuevan mis letras, que se sientan tal vez un poco transportados en lo que describo y siento. De esa manera, descubrirán el amor por la poesía y, en total, por el arte de escribir poesía.

«Rodeada de soledad estoy
esta noche de desvelos,
viendo la estancia reflejada
en un biselado espejo,
destellos y miel
escapan de una lámpara opalina,
mientras yo espero
que se acerque el sueño
para soñarte,
con todos mis anhelos.
El sonido de las perlas
que desgrana
un reloj de arena,
invaden la alcoba
de dorado silencio,
lánguidos son los minutos
como el pasar
de una cometa,
lánguida estela que enmudece.»

La traducción poética es un arte en sí mismo y cada poema tiene sus matices. Durante su colaboración con Ladislav Franek, ¿cuáles fueron los mayores desafíos que enfrentaron al traducir su obra y cómo los abordaron juntos?

    – Ladislav Franek es un erudito especializado en literaturas románicas, en literatura comparada y en teoría de la traducción literaria. Ha desarrollado una inmensa labor académica y de investigación. No es exageración alguna que más de 200 publicaciones llevan su firma y atestiguan un prestigio mundialmente reconocido como uno de los especialistas europeos de la literatura española e hispanoamericana. El profesor Franek ha dedicado toda su vida profesional a promover el hispanismo, transmitiendo sus conocimientos a un número ingente de estudiantes, su amor por la lengua y la literatura españolas, francesas y portuguesas. Él ha sido quien ha traducido 13 de mis poemas al eslovaco (la antología es en eslovaco) junto con otras 3 poetas de Hispanoamérica. Le dejé la libertad de escoger los poemas que más le gustaban. Él tiene mucha experiencia, por eso lo dejé en sus manos. Por lo demás, es más que enriquecedor conversar con una persona tan culta como él; ha sido un placer el intercambio literario con el Sr. Franek.

 Antología “Amor reanimado” por Ladislav Franek

Mirando hacia adelante, ¿qué espera lograr con su poesía en el futuro?

    – Bueno, ya tengo la propuesta de una editorial para publicar un poemario. Creo que ese proyecto se va a poder realizar este año. He tenido suerte, tanto en ser parte de la antología de Ladislav Franek como con la editorial; no he tenido que buscarlos, ellos me han encontrado.

Para aquellos que están comenzando en este camino, ¿qué consejos prácticos les daría?

    – Escribir con el alma, con el corazón, ser ellos mismos y no dejarse llevar por tendencias. Que descubran la belleza de las palabras; el español es un idioma tan rico en palabras, tiene tantos sinónimos y, con ellos, tantos matices. Eso nos regala la posibilidad de expresarnos de manera diferente y con hermosura. Otro consejo es tener sueños. Yo nunca quise autopublicarme. Cuando me preguntaban cuándo saldría mi poemario, siempre respondía: ¡cuando me descubra una editorial! Y ese deseo se cumplió. Desde aquí, todo mi sincero cariño a todos mis lectores y amantes de la poesía.

Para conocer más sobre su trabajo, visita su blog poético «El Azul en la poesía» en: https://elversardemercedes.blogspot.com/.

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Últimos Comentarios
  1. Gracias Barrufe4 por tu generosa devolución... Abrazo narrativo para vos....Gustavo